7.3.13
Villa Epecuén, el pueblo que estuvo años bajo el agua
23.1.13
Ventosas
18.1.13
El Chancho y la Sube
7.1.13
Trabajo de hormiga en el continente mandarina
2.1.13
Santa Claus del Monte
17.12.12
Los platos rotos
8.12.12
Oscar
El miércoles pasado murió Oscar Niemeyer, el gran arquitecto brasileño que estaba a sólo diez días de celebrar los 105 años (nació el 15 de diciembre de 1907). En 2008, cuando este verdadero genio tenía 101 recién cumplidos, escribí este post: "Niemeyer, el poeta del hormigón armado".
15.11.12
"Merece" y otras humanidades
8.11.12
Una noche en vela
29.10.12
Carnicería
2.10.12
Tiro libre, directo al pasado
27.9.12
Época de quesos..., y jamones y salames y
12.7.12
Los colegiales y el frío
Ayer los vi pasar de nuevo, pero esta vez iban abrazados. Como si el frío los hubiese unido. Bromeando, riendo, tiritando un poco. Ellos, los colegiales. Con los ojos encendidos.
27.6.12
Acogedora casita con vista al Río de la Plata
13.6.12
La mujer que lloraba dormida
29.5.12
Una silla encallada en el muelle de La Coronilla
11.4.12
Al agua Pacman
No había fantasmitas a la vista. Ni algún monstruo de la laguna. Pero los Pacman, desesperados, nadaban hacia la costa. Unos sobre otros. Casi comiéndose entre ellos. Temerosos del game over.17.3.12
La sombrilla
23.2.12
Tropicampo
3.1.12
Secreto a voces
A confía a muerte en B, que confía a muerte en C, que confía a muerte en D. Todos confían a muerte en alguien. Y así, a voces, el secreto se muere.
17.12.11
San Pedro, en blanco y negro
2.12.11
Al final, se enamoró del muro...
25.11.11
Inmortalidad
Some die just to live...
Pearl Jam otra vez en Argentina. Y otra vez en noviembre. Y de nuevo los recuerdos que se amontonan. Y esa sensación tan obvia como cierta: él está más vivo que nunca.
Aclaración: Incluyo la versión original de Immortality y no la que tocaron el 13-11 en La Plata para apreciar mejor el tema, uno de los mejores que tiene la banda de Eddie Vedder y compañía.
19.10.11
El salto educativo
4.10.11
El pájaro-que-da-cuerda
8.9.11
Anomalía
Irregularidad, anormalidad o falta de adecuación a lo que es normal. Eso mismo.
24.8.11
Manejar descalzo y otras humanidades
Descolgar la ropa, lavar los platos, pasar la escoba, regar las plantas. Cuando B quiere pedirle algo a P, le lanza un latiguillo infalible. “¿Te animás a…?”, pregunta sin preguntar. En general, P se anima, aunque a veces le da un poco de miedo.
Ayax tiene sólo 8 años y una profundidad que asombra. El otro día armó frases con unas palabras-imanes que pegó en la puerta de la heladera. “¿Demonio, eras un niño?”, se preguntaba en una de ellas. Y, en otra, sentenciaba: “Muero en TV”.
La pequeña Abrilita no quiere que los taxistas tomen helado. “Tienen que manejar con las dos manos”, explica, segura de su argumento.
Cuando hacen alguna escapada juntos, P y V vuelan en aviones separados. Sí, aunque suene increíble, viajan al mismo lugar en aeronaves diferentes. ¿El motivo? Las probabilidades de que ambos mueran por sendos accidentes aéreos son muy bajas: tal vez se caiga un avión, pero dos el mismo día es prácticamente imposible. Así, en caso de una tragedia, al menos uno vivirá para cuidar a sus dos hijos. “Diversificamos el riesgo”, dicen ellos. Alto racionalismo.
9.8.11
Amor 2011
3.8.11
El perro, el Brujo y el lago
Un asado al borde del lago en San Huberto. Tinto va, tinto viene. El vaso interminable, el sol que pega en la cara, un calorcito que te relame el alma y hasta un perro con ganas de navegar...
21.7.11
Barrilete cósmico
30.6.11
Ni súper ni normal
26.5.11
La lamparita que nunca se apaga
17.5.11
La fórmula que el hijo no aplicó
16.5.11
Vacasa
13.5.11
168 fotos
9.5.11
Comer solo
2.5.11
¿Me hamacás?
28.4.11
Kilómetros de radio
Que el robo de dos mil pesos en un supermercado chino es mucho más robo en Arrecifes que en Buenos Aires. Que en Colón un conductor puede putear al aire a un panelista por hablar de los resultados de las internas radicales en Córdoba sin conocer los porcentajes finales. Que una FM de Santa Rosa de Conlara puede tomarse el tiempo de recitar ¡entero! el cuento Casa tomada, de Julio Cortázar. Que en la Villa de Merlo un oyente puede criticar a un conductor por su excesiva “simpatía” (de cara a las próximas elecciones) con Sergio Guardia, el intendente local. Y él, la cabeza del programa, puede admitir alegremente que no sólo apoya al líder comunal sino que además trabaja en la Municipalidad. Y hasta puede rematar con un: “¡Aguante Sergio!”.
21.4.11
En el camino
9.4.11
Desde las vías del tren
16.3.11
Segura de su inseguridad
14.3.11
La barca urbana
9.3.11
Baradero
19.2.11
Tarde de bossa nova
31.10.10
Ese sueño

11.10.10
El exilio de Perón
1.10.10
Los mundos, el mundo
A todos ellos miré hoy. A todos ellos. Con sus simplezas y complejidades. Sus vidas enormes y profundas. Llenas de cosas. Vacías, tal vez. Pero siempre llenas de cosas. Asuntos nimios o relevantes. Siempre importantes para cada uno. Complejidades. Cientos de miles de vidas complejas entremezclándose. Miles de millones de mundos. Haciendo a este mundo aún más infinito.
¿Qué estarán pensando? ¿Qué canción estarán cantando? ¿Qué comerán hoy a la noche? ¿Qué comprarán en el supermercado? ¿Qué les esperará cuando lleguen a sus casas? ¿Llegarán? ¿Qué palabras dirán al cruzar la puerta? ¿Habrá para ellos una sonrisa o tal vez un gesto adusto? ¿Habrá alguien para ellos o sólo un ambiente vacío? ¿A quién amarán? ¿En quién pensarán? ¿Con quién soñarán? ¿Con qué soñarán?
23.9.10
¿Alguna vez vieron tanta facha junta?
15.9.10
El abogado Sinley
Pasan las estaciones y el abogado Sinley cuenta y cuenta. A su novia actual se la presentó una prostituta que él solía frecuentar. “Se quedó uno, dos, tres días y ahora hace nueve meses que está conmigo”, confiesa. Su nieto Valentino le dice “puta” y eso a él parece encantarle. Valentino es su debilidad. Por eso, lo visita todos los días, aunque sea cinco minutos. Cuando se despide, el pequeño no se hace problemas: “Ahora viene mi otro abuelo”, le tira.
El abogado Sinley asegura que el chiquito no llega a los tres años, pero que ya putea como un experto. “El otro día hicimos un piquete de calesita. Fuimos y la calesita estaba cerrada. ‘Puta madre’, gritó el pendejo. Y después se la agarró con el calesitero: ‘Puto, abrí’”. La mamá de Valentino no está muy contenta con la forma de vida de su papá, el abogado Sinley. “Perdoname, es el papá que me tocó”, le dijo a la nueva novia del letrado cuando se la presentaron.
Pierdo la noción de las estaciones. De repente, un colega lo saluda desde el otro lado del vagón. Le pregunta por su nieto y sue nueva novia. Todo lo que me ha contado Sinley parece cierto. Después, este otro boga dice que estuvo ternado otra vez para no sé qué puesto y que no lo eligieron, pero que la próxima vez le pedirá ayuda para salir seleccionado. Sinley parece haber sido alguien importante. Bah, al menos un tipo con contactos. Uno de esos abogados que, aunque en decadencia, se conocen todos los pasillos de Tribunales y también es conocido por todos en el ambiente judicial.
Estación Palermo. El abogado Sinley hace un gesto como para levantarse. Tiene que bajar. Saluda a su colega. Y también a mí. “Chau, pibe, un gusto para vos haberme conocido”, bromea. “Igualmente”, repito sin pensar. Y allá va él. Rumbo a la escalera mecánica. Sinley. Que se pierde entre la gente.
17.8.10
No pasarán
7.8.10
El spray
30.7.10
Creer o reventar
26.7.10
El paso incómodo
15.7.10
Reincidente
12.7.10
El fútbol, a sol y sombra
De repente, me sobresalto. Ya estoy en el subte, camino a casa. No hay gritos ni bocinazos ni rostros pintados de celeste y blanco. Sólo las mismas caras largas que siempre viajan bajo tierra y el sonido de las ruedas pegando contra las vías. El Mundial terminó. Y pienso en Galeano. En Eduardo Galeano, el escritor uruguayo, aquel que va por la vida pidiendo un poco de buen fútbol, como quien reza por una limosna. “Una linda jugadita por amor de Dios”, como dice en El fútbol a sol y sombra. Galeano feliz por el cuarto puesto de Uruguay. Levantándose de su sillón tras ver la final entre España y Holanda. Sorprendido por las patadas de los holandeses; conforme con la justa victoria española. Galeano que sale de su casa en Montevideo y por fin, luego de un mes, saca ese cartel que había colocado en la puerta: “Cerrado por fútbol”.
5.7.10
(Mi) Historia de los Mundiales
Hay cosas que no se olvidan más. Como aquella tarde nublada en la que vimos Argentina-Inglaterra en la casa del Toro Mú. Al viejo del Toro no le gustaban los relatos de la TV y por eso apagaba el sonido y ponía la radio con Víctor Hugo. Así fue que vi el mejor gol de la historia de los mundiales mientras escuchaba el mejor relato de la historia de los mundiales. Barrilete cósmico. Para la final, nos fuimos a la casa del Escandinavo. Sufrimos mucho con el empate alemán cuando parecía todo cocinado y gritamos como nunca (con montonera incluida) el gol definitorio de Burru. Después, nos subimos al Peugeot 504 verde rural de mi viejo para festejar con bocinazos y banderas en el centro de Ingeniero Maschwitz. Inolvidable.
También recuerdo que durante y después del Mundial jugábamos al fútbol con los nombres de las grandes figuras. Mi hermano y yo estábamos fascinados con la sorprendente Dinamarca que finalmente cayó en octavos por goleada contra España. Él era Michael Laudrup y yo, Eljkaer Larsen (moría por aquella camiseta número 10 danesa, de gran diseño). Fuera de los argentinos, Scifo era de los más elegidos y, a la hora de ir al arco en aquellos eternos “mete-gol-entra”, se imponía otro belga: Jean Marie Pfaff. Además, nos la pasábamos entonando la canción del Mundial (la primera que quedó en nuestras mentes): “México ’86, México ’86, el mundo unido por un balón…”.
Con Italia ’90, ya adolescentes, sufrimos como locos. Y es que ese Mundial fue un sufrimiento para Argentina. El partido inaugural lo vimos en el departamento de la calle Arcos. Compramos papas fritas, chizitos, palitos, Coca, de todo; y nos comimos ese gol increíble de Omam Biyik. Bah, se lo comió Pumpido. Era lo mismo: Argentina había perdido 1-0 contra Camerún. Sufrimos también con la lesión de Nery, el ajustado pase a la segunda fase, los penales con Goyco en Yugoslavia e Italia y la triste y mediocre final que perdimos con Alemania. Pero hubo algo que gozamos como nunca: el increíble 1-0 contra Brasil en octavos de final. Lo que pasó cuando Caniggia metió ese gol tras el jugadón de Maradona fue algo que nunca volví a ver. El festejo más loco y furibundo. Ese día estábamos en la sede de Los Horneros y se rompió todo, desde un sillón hasta las muletas de madera del Beto, que poco tiempo atrás se había lesionado feo.
Pero el Mundial de Italia fue sólo el primero dentro de una larga racha de frustraciones. En Estados Unidos ’94 sufrimos cuando le “cortaron las piernas” a Diego y nosotros no sabíamos bien qué creer. En Francia ’98, salimos a festejar cuando le ganamos a Inglaterra por penales en octavos (recuerdo una turista estadounidense entremezclada con la masa que no podía entender tanta algarabía), pero luego sucumbimos con el gol de Bergkamp que nos mandó a casa. Ni hablar de 2002, cuando el sueño se evaporó en primera ronda. Las caras largas que vi en ese subte matutino cuando iba al laburo luego del partido con Suecia tampoco podré olvidarlas jamás. En 2006 estaba desempleado, así que miré absolutamente todos los partidos. Sí, todos todos. Tenía el cable recién instalado y un laburo casi seguro que arrancaba en agosto, así que la panzada de fútbol fue feroz. El gol de Maxi Rodríguez contra México en el alargue fue el último que me dejó afónico de tanto grito. La derrota con penales en cuartos ante Alemania, el local, dejó el sinsabor de saber que se podría haber llegado más alto, pero Argentina había hecho un buen papel.
Y llegó 2010. El primer Mundial que me tocó trabajar. Y trabajando se sufre menos, claro. Hay que poner la cabeza en acción y no hay mucho tiempo para gritos ni llantos. No hubo encuentro con los pibes para ver los partidos de la Selección. Y el golpe de la goleada de cuartos de final ante Alemania lo viví en una redacción. Una redacción que, salvo alguna excepción, se sumió en el más absoluto silencio cuando terminó el partido. Allí, más que nunca, trabajar fue la mejor medicina, el único remedio contra el dolor. Ese dolor que de a poco a uno lo va invadiendo, cuando piensa que faltan cuatro años para el próximo Mundial…
19.6.10
Saramago y los ciegos
Ensayo sobre la ceguera, José Saramago.
29.5.10
Un astro que gambetea transeúntes
7.5.10
Nadar
8.4.10
Como quien besa el barrio al irlo pisando
Y sin planearlo tú acaso / como que sin quererlo va y lo hace / te vi cambiar tu paso, hasta ponerlo en fase / en la misma fase que mi propio paso...
29.3.10
humanidades VIII (el regreso)
Johanna habla con lapicera. En vez de “para”, dice “detiene”; en vez de “dijo”, “manifiesta”. Y nunca tiene “hambre”, sino “apetito”. Escribe con la boca.
Recién cuando ella se puso a hablar por celular, él pudo dejar de mirarla. Estaba dentro de un colectivo junto a otras veinte, treinta personas. Observó con detenimiento el rostro de casi cada uno de ellos. Sus ojos habían recuperado el mundo.
Cuando se acordó que tenía que devolver la película, Diego sufrió una repentina regresión. Pero duró muy poco y, al instante, lo envolvió la alegría: no iba a tener que rebobinarla.
Es un papelón. A veces, cuando uno se ríe fuerte en forma nasal, un flujo mucoso sale sin control, como disparado, y queda en evidencia ante la mirada de los terceros. Manotazo rápido. Pañuelo. Pero ya está. Tragame tierra.
Ya sabemos que a Johanna le gusta hablar con propiedad. Pero a veces tira palabras que son de otra época, como cuando para referirse a una publicidad habla de una “reclame”. Me hace acordar a mi nonna Tola.
Hubo una vez un editor que era tan pero tan fanático de Atlanta que cuando Chacarita (su clásico rival) logró el ascenso a Primera División, él se “olvidó” de publicarlo.
4.3.10
Hijueperra...
12.2.10
Este es el comienzo de mi viaje
No llevo prisa ni equipaje...
8.2.10
Montevideo llama
Montevideo llama. Y aunque no pusimos un candado en la fuente, volveremos.
8.1.10
Hola Cristina, te estamos llamando
2.1.10
Brindo
28.12.09
La crueldad de Facebook
15.12.09
Mañanas
6.12.09
Siento, luego existo
Banda de sonido oficial de Sentido Urbano.



















































